Somos católicos
por el bautismo, comprometidos por la fe, divorciados porque la vida nos ha
puesto a prueba y en nueva unión porque creemos en la familia como célula básica
de la sociedad y por que hay razones del corazón que la razón no comprende.
Si por esperar
que el Espíritu Santo derrame sobre los Obispos que participarán en el Sínodo
sus dones, fundamentalmente el de la Piedad y por eso nuestra fe nos hace revolucionarios,
bienvenida sea.
Si por anhelar
con gozosa esperanza que del Sínodo germine y florezca una Pastoral abierta,
global, incluyente, realista, aggiornada y fundamentalmente misericordiosa y
por eso nuestra fe nos hace revolucionarios, bienvenida sea.
Si por someternos al Fuero Externo,
con la misma fuerza y convicción que denunciamos que algunos Tribunales Eclesiásticos
miden con diferentes varas a ricos y famosos que a pobres y anónimos y por eso nuestra fe nos hace revolucionarios, bienvenida sea.
Si por manifestar
en voz en cuello y por todos los medios posibles que la problemática de las
situaciones irregulares afecta de modo transversal a todas las sociedades sin
importar raza, edad, nacionalidad, nivel educacional ni status social y por eso
nuestra fe nos hace revolucionarios, bienvenida sea.
Si por
denunciar las múltiples discriminaciones que padecemos, ya sea en el terreno,
político, social, laboral y/o educativo y por eso nuestra fe nos hace revolucionarios,
bienvenida sea.
Si porque
hacemos de la Comunión Espiritual nuestro alimento y nos preguntamos si hay dos
Eucaristías, una para los que presumen de perfección y beatitud y otra para los
que simplemente no vivimos como hermanos y por eso nuestra fe nos hace revolucionarios,
bienvenida sea.
Santo Padre, su
mensaje nos enorgullece, nos da fuerzas para seguir aunque se nos denoste, se
nos humille y se nos pretenda excluir, a pesar de todo esto los divorciados
seguimos firmes y vigilantes, cándidos como palomas pero astutos como
serpientes.