El presente Post surge luego de haber leído y releído el artículo La Fuerza de la Gracia, del Prefecto de la Congregación para la
Doctrina de la Fe, S.E. Mons.
Gerhard L. Müller
En el mismo donde parece claro que su posición no está por la labor de abrir, siquiera, una pequeña
ventanita para el “grave problema” del acceso a los Sacramentos por parte de
los divorciados en nueva unión.
Más aún, ha dado por acabado el debate y el análisis
al respecto, en una actitud comparable con una interrupción voluntaria del
embarazo, por no decir otra palabra que suena tan mal, por lo menos para
algunos que deben haber llegado al clímax al tomar conocimiento de sus
opiniones.
Aborto y orgasmo, todo en un mismo pack.
La posición sustentada por SE Müller, es
de un incuestionable valor intelectual, lleno de palabras difíciles y conceptos doctrinales más aptos para una cátedra de teología que para llevar calma, esperanza y comprensión para quienes somos actores principalísimos de este problema.
de un incuestionable valor intelectual, lleno de palabras difíciles y conceptos doctrinales más aptos para una cátedra de teología que para llevar calma, esperanza y comprensión para quienes somos actores principalísimos de este problema.
Quizás nuestra ignorancia sea el precio a pagar por no
haber sido alumnos de la Universidad de Munster, ni de la de Tubinga, donde quizás hubiéramos sido influenciados
por Hans
Küng,
y sólo conocer, por referencias, la de Ratisbona, pero quizás nos puedan
perdonar, a veces no se puede todo.
El artilugio intelectual de
incorporar frases, independientemente de su autor, es un recurso muy habitual
para fundamentar ideas y conceptos y hasta con algún esfuerzo, seguramente,
muchos de nosotros podríamos armar una fundamentación de los mismos autores
donde se planteara, quizás, exactamente lo contrario, pero nuestro respecto por
la Jerarquía es mucho mayor que nuestra ignorancia, nuestra decepción y nuestro
desasosiego, así que no incluiremos ni una sola cita.
El mensaje es escasamente
reconfortante, mientras que por un lado se pretende cerrar de facto el debate, por
el otro se habla de contención y de acogida, en un juego zigzagueante de tirar
mucho y aflojar un poco, como si fuéramos perros en una escuela de
adiestramiento canino, con lo que, quizás, algunos disfruten y supongan que la fábula
del burro y la zanahoria constituye nuestra lectura de cabecera.
Así, perdido entre tanta
doctrina, entre tanta teología de avanzada (en el sentido de seguir como si
nada sucediera) y tantas frases tan célebres como ajenas, se mezcla en un sitio,
perdido, como al pasar, la siguiente afirmación, que sería la llave para abrir el
candado mágico, exactamente donde trata El testimonio del
Magisterio en épocas recientes, dice:
Cuando la nulidad del matrimonio no puede
demostrarse, la absolución y la comunión eucarística presuponen, de acuerdo con
la probada praxis eclesial, una vida en común “como amigos, como hermano y
hermana”
Aunque parezca mentira o una simplificación
bordeante con la imbecilidad la síntesis más triste y apretada de la situación
pareciera resumirse en que todo se soluciona durmiendo en camas separadas y el
resto tiene menos valor que una moneda oxidada de un céntimo.
¿Acaso son más dignos merecedores de recibir los
Sacramentos los que hacen de la sexualidad una negación que quienes lo
entienden como algo normal y hasta tan lógico como cualquier otra actividad
habitual de los seres humanos?
Cuando aparecen estos testimonios y algunos se
preguntan si la nulidad matrimonial es igual para ricos y famosos que para
pobres y anónimos, a veces es difícil no responder con el corazón.
Cuando se le niega el plácet a un candidato a
Embajador ante la Santa Sede por su condición de divorciado en nueva unión y se
recibe a algún dictador en la asunción del Papa Francisco es difícil entender
muchas cosas.
Cuando un ex primer ministro divorciado y vuelto a
casar se acerca a comulgar y, comulga y luego del “escandalo” nada sucede, cabe
hacerse algunas preguntas aunque las mismas queden sin respuesta.
Cuando algunos dictadores, juzgados y condenados
por crímenes de lesa humanidad y sin muestras ni testimonios de arrepentimiento
se acercaban a comulgar y muchos se hacían preguntas, nos embargaba la duda si
a todo y por todo se mide con la misma vara.
Cuando se hace tanto hincapié en que vivamos como
hermanos y aunque se omite en el extenso testimonio de Su Excelencia la transcripción
del párrafo (180) de la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, que en el Nº
84 refiriéndose a los divorciados vueltos a casar dice: «…asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de
abstenerse de los actos propios de los esposos» dándole valor de virtud suprema
a la continencia, nos preguntamos porque con la misma intensidad no se habla de
la Castidad Conyugal.
Y la lista podría seguir, pero nos detendremos
aquí, para iniciar el camino a la 1ª Peregrinación Mundial de Católicos Divorciados
en Nueva Unión a El Vaticano, donde elevaremos nuestras plegarias para que el
Espíritu Santo, el mismo que iluminó a los cardenales para elegir al actual
papa, los ilumine para tratar el tema que Francisco ha puesto en el candelero,
a pesar que a algunos les guste menos que caminar sobre cardos.
Pero a fuerza de ser sinceros no debemos olvidar a
otros que han colaborado, y mucho, con la continuidad de estos planteos y que
sin dudas son más laicos que sacerdotes, pero eso da para otro Post ya que
hemos tratado en innumerables consideraciones previas.
En Octubre de 2014 allí estaremos, allí
rezaremos, allí esperaremos que nuestro dolor por el fracaso matrimonial no
siga siendo complementado por otros dolores, a pesar del planteo abortista de
negarse a escuchar opiniones diferentes y del gozo pornográfico que para
algunos generan ciertos planteos, provengan de donde provengan.
