Hacía
falta tanta agua para apagar tanto fuego, o dicho en términos más actuales
hacía falta tanta simpleza para terminar tanta complicación y llegó la era Bergoglio,
la que muchos creímos que nunca llegaría.
Para
poner a la Iglesia en el top five de las instituciones sólo era necesario un
cura con calle y con callos, uno que supiera lo que pasaba en la vida real, y que
tuviera el valor de asumirlo y decirlo.
Los
divorciados en nueva unión recibimos su actuar y su pensamiento como la
bocanada de aire fresco que estábamos esperando, pero no somos los únicos y
ahora que se ha socializado la esperanza, ahora que hay ilusión para todos sólo
nos resta tener paciencia y esperar, mucho va a cambiar.
Quedamos
a la espera de nuevos bergoglismos, de nuevas formas de decir cosas con
claridad y para cuando eche
a los mercaderes del templo, a los colocadores de palos en las ruedas y a los privatizadores de la fe, quizás descubramos otra nueva palabra, tan real como la vida misma.
a los mercaderes del templo, a los colocadores de palos en las ruedas y a los privatizadores de la fe, quizás descubramos otra nueva palabra, tan real como la vida misma.

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