Hace tiempo había una publicidad de Sprite en
la cual aparecía un matrimonio muy desalineado, en una casa con un desorden caótico,
onda hippie sesentista en la que un niño de pelo corto y peinado con gomina, uniforme
escolar reluciente que al salir de su habitación decía: hasta luego papá, adiós
mamá y se iba.
Los padres se miraban más que sorprendidos y
uno le decía al otro ¿habremos hecho algo mal?
Con el tema de los divorciados en nueva unión
cabría preguntarse lo mismo, pero quizás no nosotros, sino la propia jerarquía
y veamos un ejemplo, que seguramente nunca sucederá:
Que en cualquier misa del Domingo el
celebrante dijera: Al final de la Misa, espero a los divorciados en nueva unión
en la Sacristía ¿Cuántos irían?
Nunca lo podremos saber, pero lo podemos
imaginar, como se dice en Valencia: uno o ninguno y alguien debería preguntarse
¿Por qué?
¿Por qué?
Pero hay más ¿alguien se cuestiona seriamente
la proliferación de grupos de puertas abiertas? donde como un amasijo para el
pan dulce se mezclan, solteros, matrimonios sacramentados, divorciados vueltos
a unir, viudos y hasta despistados que no encuentran un lugar.
Alguien se pregunta ¿Qué pasa con los grupos
que hacen de la cuestión de conciencia su bandera, aunque en los fundamentos
presentados se circunscriba la actuación a las Exhortaciones Apostólicas?
A quien se le ocurre que nada de esto sea
conocido y si bien no permitido ni estimulado, por omisión de actuación se deja
hacer.
Hace tiempo un amigo de la infancia, sacerdote,
hoy salido del llano para usar solideo violeta, me decía entre mate y bizcochitos
de grasa al hablar de estas cosas que era un tema tabú, que era mejor dejar que
el tiempo pasara y que las aguas se serenaran, pero que al final todo se solucionaría,
aunque nunca me dijo como y mucho menos cuando.
En este planteo de auto crítica no estamos
exentos nosotros mismos, los que son católicos porque al mes los bautizaron y
luego por el vestido se casaron por la Iglesia y después se separaron y se
volvieron a unir, los que se fueron, los que se cansaron, los que se engancharon
con grupos de asimilación o de convencimiento en conciencia, un tema sobre el
que alguna vez alguien debería enterarse y actuar.
Entre los unos y los otros hemos permitido
que el tema se lo ocultara, se lo tapara, se lo disfrazara, se lo minimizara
sin pedir acogimiento, misericordia y comprensión y hoy nos encontramos que
ante las convocatorias de Francisco hay que soportar lecciones de moral teológica
que pretenden imponer desde los sectores más retrógrados, donde se rasgan las
vestiduras con lo ajeno mientras que son muchos laxos con los propios.
Es posible que el papa se convierta en el
responsable de la orquitis de muchos que se acostumbraron a una Iglesia para
pocos, de una ONG piadosa, de una preocupación extrema por temas personales
en vez de ser verdaderos custodios de la fe, de los que se quedaron disfrutando
con el celofán del caramelo, dejando caer o tirando la golosina.
El papa nos pide que recemos por él, porque confía
en el valor de la oración, pero también nos pide y les pide que atendamos a la
periferia y mientras nos habla de valores innegociables nos dice: hagan lío,
pero algunos se creen que el futuro es la edad media y no todos los temas les
gustan y tienen razón.
A nosotros tampoco nos gusta que para casos
iguales las soluciones sean diferentes, por el simple pecado de no ser ni rico
ni famoso.
La problemática, que ahora sabemos que saben
que existe, es una espina que nos hemos clavado por las causas que sean, a
pesar de eso no hay ninguna razón para que en la realidad se nos deje tirados,
aunque muchos se llenen la boca hablando de contención y recibimiento.
Hasta aquí hemos llegado por que habremos
hecho algo mal, quizás porque no somos perfectos, como tampoco lo son los que
nos juzgan.
Ya está bien de los quieren hacer de su capa
un sayo, quizás sea este tiempo el de un lugar para cosa y cada cosa en su
lugar, todo esto aunque hayamos hecho algo mal.

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