Una somera lectura de las noticias y comentarios que habitualmente se vierten respecto de la problemática de los divorciados en nueva unión y su imposibilidad de acceso a la eucaristía entre otros sacramentos, no hace más que confirmar y ratificar “per secula secolurum” el altísimo nivel de ignorancia de muchos de nuestros hermanos periodistas, vaticanólogos y legos totales devenidos en ilustrados comentaristas.
Resulta majestuoso el nivel de improvisación y desinformación, o aún peor de formación que tienen la mayoría de los que opinan, comentan o pretenden ilustrar sobre este tema.
Afortunadamente en algún tiempo, siglo más, siglo menos casi da lo mismo, el tema se resolverá y sin triunfa la misericordia y el progresismo dentro de la Iglesia podremos, los católicos divorciados en nueva unión, bajo determinadas condiciones volver a comulgar, o si triunfa, tecito mediante, el ala conservadora, retrógrada y catacúmbica el tema se cerrará casi de por vida, pero en el futuro dejará de ser una preocupación.
Resulta lamentable leer y/o escuchar la cantidad de sandeces que se dicen y el grado de confusión que generan en una sociedad dividida entre los que el tema les importa menos que un clavo oxidado y los que tienen los labios impregnados de cirios, que se aterran ante la sola mención de darle contenido a la Doctrina, fundamentalmente cuando dicha actitud afecta o beneficia a otros.
Realmente no acabamos de sorprendernos ante la magnitud de la
discusión, pero ese es tema de otro Post.
discusión, pero ese es tema de otro Post.
Algunos dicen que al final de los tiempos sólo resistirán, llegarán y serán los últimos en desaparecer por su altísimo poder de adaptación, las hormigas y los imbéciles, pero serán estos últimos los que verán a los insectos yacer en la tierra ante su mirada atónita y aún en ese momento seguirán sin entender que significado ha tenido la comunión espiritual como alternativa, o acceso por la puerta de atrás, para alimentar el alma de los que estoicamente han aceptado las condiciones que impone el Magisterio .
A no desesperar, la misericordia es infinita y eso es el salvoconducto para tantas actitudes y pensamientos que hasta harían volar a los elefantes y esa misma misericordia abrirá alguna puerta y milagro mediante, quizás también algún corazón.
La esperanza es lo último que se pierde.

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