Con relación a la reflexión del Obispo
de San Francisco (Argentina), Mons. Sergio Osvaldo Buenanueva, sobre los
divorciados en nueva unión desde La Barca (www.labarcaglobal.blogspot.com) quizás el único blog hecho por y
para católicos divorciados de todo el mundo, con el mayor de los respetos
queremos manifestar:
Afirmó Mons. Buenanueva que “la Iglesia invita a los divorciados a la fe
y a la conversión” y quizás debamos recordar que si nos preocupa nuestra
problemática es justamente porque no hemos abandonado ni nuestra fe ni nuestro
compromiso con lo fundamental cristiano, ya que habernos sucedido no tendríamos
ningún interés por las decisiones que se vayan a tomar en el futuro ni por las
discriminaciones habituales y de todo signo que padecimos en el pasado y que aún
hoy persisten.
El Obispo reconoció que
“la Iglesia no deja de señalar la gravedad de estas rupturas: “Lo hace por la conciencia fuerte de lo que significa el sacramento del matrimonio, porque los esposos cristianos son signo del amor indisoluble de Cristo por la Iglesia. Entre esa unión indisoluble y el sacramento de la unidad se da un vínculo de reciprocidad: el matrimonio lleva a la Eucaristía, y la Eucaristía al matrimonio”.
“la Iglesia no deja de señalar la gravedad de estas rupturas: “Lo hace por la conciencia fuerte de lo que significa el sacramento del matrimonio, porque los esposos cristianos son signo del amor indisoluble de Cristo por la Iglesia. Entre esa unión indisoluble y el sacramento de la unidad se da un vínculo de reciprocidad: el matrimonio lleva a la Eucaristía, y la Eucaristía al matrimonio”.
Si la eucaristía lleva al matrimonio,
quizás haya llegado el momento dar por finalizado el celibato y no sólo porque
no sea dogma de fe y coincidiremos con sus palabras cuando no existan ni
solteros ni consagrados y cuando no percibamos demostraciones palmarias de
quienes estando divorciados y vueltos a unir no somos un ejemplo del amor de
Cristo por la Iglesia, ya que a pesar de nuestra situación rezamos en familia,
asistimos y participamos activamente en las celebraciones y no precisamente
como meros espectadores, bendecimos nuestras mesas, educamos a nuestros hijos
en la fe y cuando podemos (y nos dejan) bregamos por una educación confesional
para ellos.
Añadió que “Esa es la belleza del Evangelio del amor humano y la familia y que la Iglesia no
dejará nunca de predicar a quienes sienten la llamada al matrimonio”
Que se predique para los que sientan
la llamada del matrimonio está muy bien y para el resto ¿qué? Nosotros somos
reincidentes en la ilusión de construir familias, célula básica de la sociedad
y si por nuestro fracaso, por las causas que sean, debemos interpretar que no
seremos destinatarios de la prédica estamos ante una situación difícil de
comprender y más aún de aceptar.
Cuando dice que “la Sagrada Eucaristía es valiosa y significativa, capaz de obrar
milagros” nos genera la duda si esos milagros a los que se refiere incluye
el tirar por la borda las nuevas familias, muchas de ellas excelentemente
constituidas y con hijos, aparte de los hijos de cada uno en la promoción de un
esquema de familia ensamblada digna de apoyo y de reconocimiento.
Asimismo, luego de tales declaraciones
afirma que “la cuestión de si pueden o no
comulgar es una reducción de la pastoral familiar”, lamentablemente no
compartimos en absoluto esta apreciación, si sus dichos tuvieran correlato con
la realidad entonces el tema sería muy sencillo de resolver y sabríamos a quien
recurrir, lo que tampoco aseguraría ninguna solución ya que la misma podría ser
variable en cada Diócesis, esto nos hace pensar que su idea de minimizar o
mirar para otro lado es a todas luces inconveniente y escasamente asumible.
Continuó diciendo que “La pastoral familiar tiene aquí desafíos de
largo alcance. La Iglesia va a seguir buscando los caminos adecuados para
acompañar a los separados en nueva unión. Pero su acción pastoral busca, sobre
todo, que se viva en profundidad, con perseverancia y alegría la buena noticia
del matrimonio según el Evangelio”.
Si el objetivo de la pastoral familiar
se centraliza en la buena noticia del matrimonio surge con claridad que dicha
pastoral difícilmente pueda atender a los que ya hemos pasado por esa instancia
y otra vez surge la duda si el tema se entiende o si todavía hay quienes
piensan que hay gente que se casa sólo para separarse, luego volverse a casar
para pedir el acceso a los Sacramentos, es en un planteo tan poco sostenible
como agraviante.
También el Obispo también se lamentó
que “la palabra “matrimonio” comience a
significar cosas distintas en la legislación civil, en la cultura y en la fe
católica“
Es muy cierto que algunas palabras
tienen significados diferentes, eso se llama homonimia y sin ir demasiado lejos
en el análisis citaremos sólo algunas: confirmación, penitencia,
reconciliación, gracia y bastantes más y el hecho que la unión de dos personas
se las denomine matrimonio no debería ser entendido como una invasión a los Sacramentos,
o como se los definía en otros tiempos (“a nuestro modo de ser occidental y
cristiano”) ya que aunque se lo llamara de cualquier otra forma, el fondo no
cambiaría y de eso se trata la cuestión y no simplemente de una reducción tan semántica
como interesada.
Termina diciendo que “El camino sinodal está abierto” algo
que nos alegra enormemente porque tenemos suficiente fe, y una gigantesca
esperanza y porque creemos en que el Espíritu Santo ilumine a los que participen
derramando sobre ellos tanta sabiduría como misericordia.
Estimado monseñor, sepa que en La
Barca tiene un espacio para expresarse con libertad y sin censura por lo que
cuando quiera envíenos sus comentarios que inmediatamente los publicaremos para
nuestros visitantes desde los 73 países que nos honran puedan conocer sus
pensamientos.
Con nuestro mayor afecto.

Yo me planteo una cuestión porque no entiendo donde está la diferencia y porque unos tienen privilegios y otros no los tenemos.
ResponderEliminarCorrígeme si me equivoco, cuando un hombre se ordena sacerdote recibe un sacramento y se dice que se ha casado con la Iglesia, cuando una mujer hace los votos para convertirse en monja, no está establecido como sacramento pero hay un rito como si lo fuera y ellas dicen de si mismas que se han casado con Dios.
Ahora bien, existen múltiples casos en los que tanto los hombres dejan el sacerdocio, como las mujeres dejan su vida religiosa en ambos casos para volver a llevar una vida secular y de solteros.
¿ Acaso no es esto un divorcio ?
Pero aquí no pasa nada, todo es comprensible, todo vale, pueden seguir llevando la misma vida cristiana que llevaban y pudiendo recibir todos los sacramentos.
Habrá casos de divorcio entre los q no hemos sido religiosos de todo tipo, pero cuando te dejan y además de malas maneras, se piensa mucho y todas las limitaciones hacen que te sientas viviendo una condena que te ha llovido sin buscarlo.
También se me cruza por la cabeza que en la Biblia está escrito , que al Santo Job, después de ponerlo Dios a prueba quitándole todo, incluida la esposa, le da una nueva esposa.
Curioso, ¿ no ?
También dijo Jesús que lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo ¿ Existe la letra pequeña donde diga que esto sólo vale para los pecados y que para desatar matrimonios no vale ?
Sinceramente veo tantas contradicciones y tanta injusticia que todo esto me quema y me sofoca.
Confío en que Dios ilumine al Papa Francisco y a los obispos en el Sínodo de octubre y se valore más el interés de seguir a Dios de los divorciados que del título de divorciados.