Cuando la mayoría de la
gente (cristianos comprometidos con la Iglesia) decide o se le viene encima un
divorcio no tengo conocimiento que muchos se cuestionen la relación con la
Iglesia.
El divorcio es siempre
un fracaso, es un juguete roto de los sentimientos, de los planes de un día, es
una pérdida muy grande en todos los aspectos y se llega luego de un proceso
generalmente tortuoso, así que con semejante conflicto, muy pocas veces
resuelto con anterioridad, poco espacio queda para la fe.
En ese momento, de
todos modos aunque los sacerdotes recuerdan el compromiso del
“hasta que la muerte los separe” y la admonición de que “lo que se ate en la tierra queda atado en el cielo” muchos de ellos dan un paso más de lo políticamente correcto y dicen, tal cual ha sido en mi caso, que: si la situación no da más de sí, si todo se ha agotado, si hay razones para no poder continuar, si no queda otra alternativa, entonces que hay que hacer lo que hay que hacer.
“hasta que la muerte los separe” y la admonición de que “lo que se ate en la tierra queda atado en el cielo” muchos de ellos dan un paso más de lo políticamente correcto y dicen, tal cual ha sido en mi caso, que: si la situación no da más de sí, si todo se ha agotado, si hay razones para no poder continuar, si no queda otra alternativa, entonces que hay que hacer lo que hay que hacer.
Muchos sacerdotes que
hemos conocido viven en este mundo y entienden perfectamente las situaciones,
así que con la mayoría del clero no hay ningún problema, pero hasta ahí,
