No
es que se pueda o no se pueda, es que se debe, no hay ningún motivo ni
explicito ni implícito que apunte a dejar de lado convicciones, creencias y
deseos de progresar en la fe, todos los documentos eclesiales lo dicen y lo
reafirman.
La
Iglesia no se formó con prohombres declarados, los apóstoles eran gente normal,
gente del pueblo, gente con sus aciertos y sus errores y los divorciados en
nueva unión no constituimos ninguna sub especie, por lo que nada ni nadie puede
arrogarse el derecho de constituirse en receptor unipersonal de un legado y en
virtud de eso decidir sobre los demás.
La
unión con la Iglesia se da por el Bautismo y no por ninguna concesión graciosa de
nadie y en consecuencia nadie tiene derecho a determinar la permanencia o no de
cualquiera en su seno.
Otra
cosa muy distinta es que para pertenecer y ser algo así como miembros plenos
haya que cumplir determinados requisitos, los cuales pueden o no ser del gusto
de cada uno, pero una institución a la carta es algo que no existe y que no
existirá jamás.
Los
católicos divorciados en nueva unión no bregamos por una Iglesia a nuestra
medida, al menos los que vamos de la mano con la racionalidad, simplemente
abrigamos la esperanza que algún día las cosas cambien y que de ese modo
podamos restablecer una relación que al momento la tenemos algo restringida.
Todo
esto sin detenernos a considerar las actitudes de otros que en la apariencia
cumplen con todo y que quizás no lo sea tanto, ante la mirada pasiva de
aquellos mismos que nos dan lecciones de catecismo elemental o de teología
aplicada cuando hablamos de la angustia que nos produce el no poder acceder a
los Sacramentos.
El fracaso en un matrimonio que quizás tenga
tantos elementos de nulidad o aún más que el de algunos que han tenido la
bendición de recuperar la aptitud nupcial, ya es suficiente trauma como para
agigantarlo por equivocadas discriminaciones.
Si
quienes sufrimos por la situación de no tener acceso a la Eucaristía
ofreciéramos nuestro dolor por la paz en el mundo, quizás los fabricantes de
armas se declararían en bancarrota y los mercenarios tendrían que dedicarse a
cosechar los campos, pero nada está definitivamente perdido, aún nos queda la
esperanza.
