ANTECEDENTES
Ante tanta verborragia elitista e
incomprensible para la mayoría, nosotros incluidos, una mirada descriptiva
simple y entendible respecto de lo que representa el futuro Sínodo de Obispos, parece
casi tanto una irreverencia como una necesidad, por tal razón en términos sencillos así nos manifestaremos.
El problema de los divorciados en
nueva unión o vueltos casar, según las diferentes acepciones en el mundo
hispano parlante, es una preocupación que ha sido tratada por los Padres de la
Iglesia desde hace ya varios siglos.
No es de extrañar que con la
velocidad que se están produciendo los cambios, el acceso a
la información, la
divulgación de la problemática y las nuevas realidades sociales que afectan el
modelo tradicional de familia se hayan convertido en un excelente caldo de cultivo, que en algún momento debía tomar estado público popular, dinámico y reivindicatorio
por parte de quienes sufren la situación en todo el mundo.
Hasta el hartazgo hemos dicho que
la restricción en el acceso a los Sacramentos afecta de modo muy diferente a quienes
alimentados por la Comunión Espiritual sienten un gran vacío, de los que estando
en la misma situación dan prioridad a la cuestión de conciencia o directamente
le restan importancia y siguen su camino.
La apertura a los divorciados en nueva
unión si bien es un tema de secundaria importancia respecto de otros de
carácter central como la reforma de la curia, el dialogo inter religioso y la
puesta en orden de las finanzas, por citar sólo algunos ejemplos no es un tema
desdeñable bajo ningún punto de vista.
Los que hacemos La Barca (www.labarcaglobal.blogspot.com)
recibimos información, comentarios, sugerencias y opiniones periódicas de
quienes nos visitan desde 77 países y a partir de ese bagaje nos trataremos de expresar con
la mayor fidelidad posible, tratando de exponer con simpleza las angustias y
esperanzas de muchos más de los que
nosotros mismos suponemos.
En el siguiente Post, CAMBIOS A PARTIR DE FRANCISCO

Ojala Dios nos ayude porque desde que me divorcie mi miedo es no poder comulgar, quiero que Dios me permita seguir siendo una invitada a su mesa porque no he matado a nadie, solo no era féliz y todos tenemos derecho a serlo.
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