Si las noticias que llegan sobre
las posiciones de los Obispos en el Sínodo son fieles a la realidad y nuestra
razón nos permite entenderla nos inclinaríamos a pensar lo siguiente:
La problemática de los
divorciados en nueva unión es mucho más trascendente de lo que se suponía.
El despertar a este reconocimiento
sólo muestra que el tema estuvo “cajoneado” durante mucho tiempo y que la decisión
del papa Francisco de echar luz y asumir la realidad no ha provocado este
resplandor sino que simplemente le ha quitado la losa que lo ocultaba,
situación de por si muy valiosa.
Si el tema mereció tanto debate y
tanta discusión será seguramente que no somos
“algunos loquitos que quieren cambiar las normas” sino que el tema en realidad es de una transversalidad y cantidad impresionante y que merece atención y porque no decirlo, también solución.
“algunos loquitos que quieren cambiar las normas” sino que el tema en realidad es de una transversalidad y cantidad impresionante y que merece atención y porque no decirlo, también solución.
El actual nivel de ebullición
debería afrontarse con alegría ya que implicaría que son muchos los que someten
al Fuero Externo (aunque eso no nos los creemos ni nosotros mismos) y por eso
hay tanto reclamo, aunque para los que no se someten, estas modificaciones que se
podrían dar deberían resultarles indiferentes.
Resulta inconcebible que muchos
de los mismos Obispos que tan tenazmente se oponen a cualquier apertura consientan
y den apoyo en sus diócesis a grupos que entre sus realidades no plasmadas en
actas fundacionales relativizan el sometimiento al Fuero Externo, subliman la
cuestión de conciencia y/o ocultan el tema condenando a los de nueva unión a la
asimilación con los matrimonios sacramentados.
La tendencia a intentar dar solución
a través de una laxitud en los análisis de los Tribunales Eclesiásticos
demuestra que los mismos han actuado de forma diferenciada en varias oportunidades entre
los casos de pobres y anónimos respecto de los de ricos y famosos y que el
sistema impuesto ha colocado al Defensor del Vínculo en rol de excesivo
protagonismo, casi como un verdugo.
La decisión de atender
a casos especiales sin tanto rigor, es una solución que se queda a mitad de
camino entre el problema y la solución real del conflicto entre los que quieren
permanecer como cristiano plenos y los que han hecho de los caminos
alternativos su atajo para continuar en la fe, con todo muy a su medida.
Será lo que deba ser y así habrá
que aceptarlo, la batalla de los divorciados en nueva unión esta triunfando, el
camino será largo y no exento de retrocesos.
Los planteos preconciliares, los guardianes
de una fe de pacotilla, los nostálgicos de las catacumbas, los reminiscentes de
la Santa Inquisición, entre otros,esperarán agazapados que nada cambie, pero eso no será
ninguna novedad, por eso habrá que hacer todo lo que sea posible para ayudar al
papa y a los Obispos que con la mirada en el Cielo y los pies en la Tierra
entienden que una apertura no significa renunciar a ningún principio, sino más
bien potenciarlo con misericordia y de eso se trata.
Cada día más nos embarga la
esperanza, alguna vez se desoxidarán los corazones.

No se si entro mi comentario.
ResponderEliminarSe que los divorciados sois legión, y que Dios es misericordiosos con todos sus hijos, cometan los errores que cometan, Él no se asusta de los errores de sus hijos. El primer problema grave que producís es la ruptura de la Familia, principal núcleo y base de la sociedad; engendráis nuevos hijos que se forman dentro de algo que no se sabe bien que es: zagales, ¿de qué familia sois?, Yo soy…hijo de mi padre e hijo de una mujer, que es mi madre y tengo hermanos que no son hijos de mi madre, que mi padre tiene con otra madre distinta, total un lio de aquí te espero. Los zagales no tienen culpa de nada. Los padres si, dependen de sus diferentes formas de ver la vida con sus distintas maneras de actuar, según su libre albedrio; para eso el Señor nos hizo libres, de manera que unos quieren estar a su lado en el amor a Él a los que le rodean, y otros los más, deciden estar en el amor así mismos dejando a Dios y los que le rodean en otro plano, y de esa forma hacer y decidir según piensan, es decir, están aquí para hacer su humana voluntad, distinta de la voluntad de Dios. Ya le pedía explicaciones Santa Teresa al Señor cuando las cosas se torcían y el Señor le reprochaba: No te he puesto ahí para que hagas tu voluntad, te he puesto ahí para que hagas Mi Santa Voluntad.
ResponderEliminarUn cordial saludo
Os comprendo, a veces un matrimonio se destruye por lo que sea y si queréis seguir comulgando os está prohibido rehacer vuestra vida y volver a casaros, porque viviríais en adulterio. ¿Pero qué me decís de Mc10,11? ¿Vamos a llamarnos católicos y a ir contra las enseñanzas de Cristo?
ResponderEliminarQuizás deberíamos buscar otras soluciones, no sé, acelerar los trámites de nulidad matrimonial para los casos graves, en los que no sea simplemente que "se acabó el amor".