Resulta patético, aunque digno de
una consideración muy especial, rayana con la misericordia, la lectura de las
opiniones que en varios sitios se leen respecto del Sínodo.
Añorantes de épocas pasadas, nostálgicos
de la Santa Inquisición, custodios de una moral cuyo propio cumplimento debería
ser motivo de un serio examen de conciencia, dueños de chiringuitos que sienten
un suave temblor sobre sus pies constituyen el basamento de tantos
cuestionamientos.
¿Cómo no nos van castigar e
injuriar los enemigos de la Iglesia, si
se la dejamos servida en bandeja?
Que nadie desespere, a este papa
lo eligieron los cardenales, no fue en casting de Tinelli, aquí no ninguna
posibilidad de cisma ni de nada por el estilo, basta de tanto miedo a que entre
la luz por las ventanas, ya está bien de tanta oscuridad, ya está bien de tanta
Iglesia tradicional o acaso los cardenales que tienen una visión reformista,
transformadora, inclusiva, misericordiosa y con los pies en la Tierra salieron
de seminarios de la estratósfera.
Es el terrible problema de los
intolerantes, de los que tienen miedo de perder alguna impostura que tienen
como forma de vida, sin contar que muchos que se rasgan las vestiduras habría
que pasarlos por un scanner previo a la Comunión para ver si no les pita el DIU
o presentan rasgos de látex y no precisamente de guantes quirúrgicos.
Por favor, basta de hipocresía.

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