Por un momento una gota de sudor
frío nos corrió por el cuerpo, nos miramos azorados los que estábamos leyendo
el documento y en síntesis, pensamos:
Estos Padres Sinodales nos han querido
arruinar, los reformistas, los que se dicen que quieren una apertura de la
iglesia, los que hablan del olor a oveja, los que siguen en línea del ¿Quién
soy para juzgara un gay? y tantas otras cosas con sus actitudes nos estaban condenando
a cuando nos llegara la hora del “allá en el horno se vamo a encontrá”, estuviéramos
todos juntos, los unos y otros, en el
mismo viaje, en el mismo horno.
Pero quizás no suceda, llegó la
cordura,
el tradicionalismo, los guardianes del dogma, de la teología, de las
buenas costumbres de la moral, los herederos de la Santa Inquisición para que
el documento final del Sínodo ponga las cosas en orden.
Así pues, los buenos (que evaden
impuestos o negrean los salarios, los que pagan a algún trava para que los
atienda, los cultores de los DIUs y las gomitas, los de la paternidad
responsable, los que en la canastita dejan un par de moneditas y luego pagan
cenas de galas de esos movimientos reservados para altos, rubios y de ojos
celestes) esos a la fila A, y sin mezclarnos los que venimos de las periferias
y entre ellos nosotros.
Para nosotros los de fila B es realmente
es mejor estar al lado de un gay que de un corrupto que se apropia del dinero
de la gente aunque el domingo vaya a misa y comulgue y salude a todos a la
salida, es mejor caminar al lado de una pareja de hecho que reza y bendice la
mesa que de una sacramentada que la última vez que pisó la Iglesia fue para la
comunión del último hijo, es mejor que por ahora no nos dejen juntar, no sea
cosa que nos contagien, ya tenemos bastante con lo nuestro.
Y que decir de nosotros, los
divorciados en nueva unión, (adúlteros, pecadocéntricos), pero no de cualquier
clase, los que nos sometemos al Fuero Externo y cumplimos las normas, menos mal
que parece que frenarán el documento, lo edulcorarán y pondrán las cosas en su
lugar, sino habría que imaginarse compartir con los que provienen de esos movimientos
que presentan un estatuto y luego hacen otra cosa y los que “asimilan” para
ocultar la problemática, todos juntos comulgando a escondidas donde no nos
conozcan, para no causar escándalo, obviamente.
Los periféricos estamos de
suerte, nada será como parecía, pero sabiendo que homosexuales, concubinos y adúlteros
no estamos invitados a la Cena, nos arreglaremos en la de entrada con un
vermouth con papas fritas. Good Show.

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