Las propuestas del Cardenal
Kasper y de una parte importante del clero alemán realmente no son de avanzada,
son de justa y elocuente actualidad.
El hecho de pretender abrir una
puerta para que entren los católicos divorciados en nueva unión a la fiesta
grande de la cristiandad, que es la unión íntima y profunda con Jesús Sacramentado
y no simplemente una hendija por donde se pueda ver la fiesta, es mucho más que
una gestión de misericordia y humildad, es un verdadero acto de reconciliación
y de amor al prójimo.
Que vastos sectores que prefieren
una Iglesia cerrada, abúlica, famélica y alejada de la gente lo critiquen es
una excelente noticia,...
mucho habría que preocuparse si lo aplaudieran hasta enrojecerse las manos quienes transitan el derrotero anquilosado y retrógrado de una Iglesia para pocos, donde sean más valoradas las formas que el fondo.
mucho habría que preocuparse si lo aplaudieran hasta enrojecerse las manos quienes transitan el derrotero anquilosado y retrógrado de una Iglesia para pocos, donde sean más valoradas las formas que el fondo.
Parece mentira que aún no se
entienda que a los únicos que realmente los beneficiaría esta amnistía (acceso a la comunión) sería a
aquellos que habiendo sufrido un divorcio se han mantenido firmes en la fe, asumiendo
la verdadera condición de pecadores, aunque esa pesadísima carga deba ser llevada por no
haber vivido como hermanos, con quienes han decido o tenido la posibilidad de
rehacer su vida afectiva.
Quizás mucho por tan poco.O acaso alguien supone que nuestros hogares son un burdel.
Quizás podría ser aceptable que puros
e inmaculados, por ejemplo: aquellos que estando casados sepan de los alcances y
pongan en práctica la castidad conyugal y en el sentido más amplio y abarcativo
el amor al prójimo, se quejaran de esos planteos del Cardenal Kasper, que más
que reformistas o progresistas deberían ser tachados de humanitarios y misericordiosos.
El Cardenal alemán, a quien no
tenemos el gusto de conocer, no es un libre pensador subvencionado por los poderes
ocultos del anticristianismo, sino que tiene una trayectoria a prueba de toda
duda o ¿acaso alguien puede pensar que llegó hasta donde llegó por un casting para
un reality?
Necesitamos pastores con olor a
oveja, y sin tantos oropeles, que entiendan que la Iglesia no sólo es de todos
sino para todos, inclusive para los divorciados en nueva unión y no únicamente
para los que van por la vida rasgándose las vestiduras, de modo hipócrita y con
una apariencia de rectitud que habría que ver si aguantan una sesión de espejo
en la soledad, mirándose para adentro sin tapujos ni falsas vanidades.
Que lo critiquen es un orgullo y
fundamentalmente nos brinda una gran tranquilidad emocional y porque no decirlo: intelectual, ya que es la muestra palmaria que cuando se está frente a alguien
especial, en los sectores más retrógrados y preconciliares de la cristiandad genera urticaria por la soberbia que deriva de la ignorancia y de la falta de
humildad, y porque no decirlo: por el escaso desarrollo intelectual y
fundamentalmente de infantil egoísmo.
Con ese cuadro de situación no es de extrañar que al papa argentino, nuestro querido Jorge Bergoglio, lo critiquen
en muchos ambientes sin piedad.
Con todo respeto: Sentimos vergüenza ajena.

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