Resulta conmovedor el grado de
comprensión, caridad, misericordia y santidad de algunos comentarios que se vuelcan en internet.
Es de esperar que no los lean ni
sacerdotes de a pie, ni obispos, ni cardenales y mucho menos el propio papa ni
ningún católico con ganas de una Iglesia pobre para los pobres, ni de
encontrase con pastores con olor a oveja porque no sería extraño que pensaran
en la apostasía.
A los celebritys de los
comentarios agraviantes, quizás influidos por el concepto que los divorciados
en nueva unión, o vueltos a casar, como los define con precisión la Exhortación
Apostólica Familiaris Consortio, somos lascivos compulsivos o que hemos
instalado nuestro hogar en la letrina de un burdel, no les pedimos ni caridad,
ni misericordia, ni comprensión, con algo de respeto ya nos resultaría
suficiente. Quizás sea mucho pedir.
La falta de conocimiento
profundo, porque hablar de ignorancia puede ser ofensivo, respecto de la
problemática de los católicos divorciados en nueva unión pueda ser la piedra angular del neo pensamiento propio de Pedro y
Pablo
(no los apóstoles, sino de Los Picapiedras) quizás si estuvieran informados y aceptaran que muchos a quienes ningún movimiento ni preconciliar ni falso progresista nos ha lavado el cerebro, o comido el coco, hacemos del sometimiento al Fuero Externo nuestro compromiso de vida y de la Comunión Espiritual nuestro insuficiente alimento del alma, seguramente se llevarían una sorpresa.
(no los apóstoles, sino de Los Picapiedras) quizás si estuvieran informados y aceptaran que muchos a quienes ningún movimiento ni preconciliar ni falso progresista nos ha lavado el cerebro, o comido el coco, hacemos del sometimiento al Fuero Externo nuestro compromiso de vida y de la Comunión Espiritual nuestro insuficiente alimento del alma, seguramente se llevarían una sorpresa.
Que nadie se espante, algunos Tribunales
Eclesiásticos seguirán con la vara flexible, la que mide de un modo a ricos y
famosos y de otro a pobres y anónimos, también seguiremos intentando enviar a
nuestros hijos a colegios confesionales pero sin provocar escándalo cuando nos
nieguen las vacantes porque son hijos de divorciados en nueva unión.
Tampoco dejaremos de bendecir y
agradecer por nuestros alimentos, aunque evitaremos hacerlo en lugares públicos, no sea cosa que haya que pedir una ambulancia porque alguien nos vea o peor
aún, nos escuche se rasgue las vestiduras y luego se infarte.
Tampoco dejaremos de alegrarnos
si alguno de nuestros hijos se casa por la Iglesia, elevando su amor a Sacramento,
aunque quizás con tristeza debamos observar desde los bancos por no poder ser
padrinos de la boda.
Escribas de nuestro tiempo: Olviden
los motivos de preocupación, la situación “tan irregular” en la que vivimos “algunos”
pocos bautizados en apenas cinco continentes nunca los podrá afectar en forma
directa o indirecta, cercana o no tanto, no es contagioso y “quizás” nunca siquiera
los roce, ya que la beatitud comentadora es el reaseguro de la santidad y la
inmunidad, o impunidad, para decir más allá del hacer y cuestionar la vida
ajena aunque no genera un escudo protector e impermeable a todo riesgo, puede que s ele parezca bastante.
Tranquilos. No hay motivo para tanta alarma, es simplemente una percepción de un run run de cambio que se viene, al
que muchos tendrán que acostumbrarse. Nada más. Nada menos.

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