Terminó el Sínodo, la problemática de los católicos
divorciados en nueva unión ocupó un lugar preponderante en las deliberaciones y
los votos fueron los suficientes no para que se abra la puerta a todos para
acceder en forma automática a los Sacramentos pero sí para dar visibilidad a la
situación.
El aggiornamiento de la EA Familiaris Consortio tantas veces
reclamada desde La Barca fue incorporada sin más, y sin cambiar nada se cambió
mucho, esperemos que ahora no suceda como con algunas leyes que se aprueban en
los parlamentos y nunca se reglamentan y quedan cajoneadas durmiendo el sueño
de los justos.
La palabra rectora, la idea fuerza, el mandato para los
tiempos es discernimiento y con esa herramienta es que debemos trabajar, construir
e iluminar para que tantas ilusiones no se conviertan en una frustración,
porque
las brujas no existen pero que las hay, las hay.
Desde los sectores eufemísticamente denominados
conservadores se agarran la cabeza con las recomendaciones del Sínodo, esa
misma cabeza que como el avestruz la esconden en un agujero para evitar ser
vistos, verdaderos negacionistas de una realidad que debe ser entendida y
atendida con solícita caridad, necesaria misericordia despojada de toda
hipocresía.
Es pronto para llegar a conclusiones, queda un largo camino
por recorrer el cual no estará exento de obstáculos y de inconvenientes, pero
la locomotora está en marcha, aunque algunos pretendan que sólo vayamos
colgados del pasamano del último vagón, pero de otro tren, del que nos lleva a
ninguna parte.
Gracias al que con su voto elevó la suma a 178, quizás nunca
sepamos quien fue pero sin dudar podemos decir que en los 90 países que nos
honran con sus permanentes visitas estará presente en nuestras oraciones, sin
él hoy la historia se escribiría con lágrimas y frustración, por eso el 178:
somos Todos.
