La elección del nuevo Papa ha cambiado la
escena internacional de un modo maravilloso y parece que nadie quiere quedarse
fuera del tren, que parece arrollador, asumiendo posturas esplendorosas
respecto de quien hasta ayer era casi la
personificación del demonio, el líder de la oposición en un país donde la
oposición está casi ausente y con presunción de fallecimiento.
La campaña de desprestigio
a la que aparentemente se lo ha sometido ha dado paso a la exaltación de su
figura y eso no es patrimonio exclusivo del fin del mundo, más cerca también se
perciben cambios muy notorios, sanciones ante denuncias, antes que la justicia
se expida es un fenómeno que no puede pasar desapercibido.
No está mal que así
suceda, pero pocas cosas hay peores que los conversos exprés, esos ateos
recalcitrantes hoy devenidos en fabulosos chupacirios, ya que con tener media
neurona cualquiera se da cuenta de los cambios y hasta provocan risas, porque
decir lástima quizás sea una definición un tanto fuerte.
Si el fenómeno Francisco
sigue adelante, pronto lo veremos en cuanto afiche se imprima, ya que de esta
fiesta nadie quiere quedarse sin ser invitado, y que nadie se sorprenda si
conspicuos conservadores tornan en modernos progresistas y reformistas. Cosas
vedere Sancho que non credere.
Pero no todo esta dicho,
siempre se le puede poner alguna piedra nueva en el camino y por eso en este
Post pretendemos dar algunas ideas, para que la usina del desprestigio las
utilice y quizás consigan que la próxima Jornada Mundial de la Juventud no se
un éxito, aunque nos queden algunas dudas de que eso pueda suceder. Veamos
algunas cosas:
Al nuevo Papa le gusta el
fútbol y, aunque eso no sea pecado, ese puede ser un punto débil sobre el que
se podría actuar para cuestionarlo, ya que su equipo predilecto fue
fundado por un sacerdote, lo cual permitiría intuir y acusarlo de un exacerbado
espíritu de cuerpo y hasta decir que por esa razón nunca se tirará contra el
clero.
En ese mismo club un
habilidoso y espectacular delantero fue acusado y sancionado por acciones no
ejemplares con una azafata en un avión proveniente de Brasil y a pesar de eso
siguió siendo del mismo club, con lo cual podríamos acusarlo de hacer la vista
gorda respecto de la violencia de género.
Otro maravilloso jugador
fue acusado de acercarse demasiado a un jovencito, con lo cual al ser de ese
club podríamos decir que poco hará respecto a cualquier caso de pedofilia.
El club de sus amores tuvo
un equipo que hoy haría temblar al Barza y que se los llamaba “Los Matadores “y
ya sabemos que los matadores son los que matan y que el 5º Mandamiento dice No
Matar, con lo cual se lo podría acusar de estar contra la Ley de Dios y
colgarle el San Benito de hereje.
Un embajador
estadounidense compartía el amor por los mismos colores, con lo cual podría
acusársele que compartir ideales con ese gran país del Norte, algo nuca del
todo bien visto por vastos sectores progresistas.
Las razones son varias y
ninguna hay que desperdiciar y sobre el final podríamos agregar una actitud que
podría servir de acusación de transformismo elocuente ya que, según parece, al
primero que elevarla a la categoría de santo sería a Juan Pablo II, y hasta ahí
nadie diría una palabra, salvo que nos enteremos que eso se debe al Embajador
argentino ante la Santa Sede que se por esas cosas que tiene la vida comparte
nombre con el predecesor de Benedicto XVI, aunque esto difícilmente pueda
sostenerse.
Desde algunos sitios no lo
atacan más porque no quieren, pero como vemos hay muchas razones para ponerse
en contra, mientras tanto algunos nos quedamos sin argumentos serios para
entristecernos, más bien todo lo contrario.
Quizás su opción
preferencial por los pobres, quizás su estilo llano y recoleto, su sonrisa no
fingida correspondida por 131 de las 132 delegaciones en la misa de iniciación
del Papado, quizás por sus zapatos gastados de caminar, quizás porque su
austeridad y simpleza sean el complemento ideal de su firmeza para la denuncia,
quizás porque ha abierto la puerta a la esperanza, quizás por todo eso le
auguramos y nos auguramos un Pontificado reformista y muy cercano a la gente.
Pero ya sabemos, hay de
todo en la Viña del Señor.
