Si, las hay en todo el mundo, al menos en los 52 países
con los que hemos contactado, los esquemas se repiten y las modalidades
también, eso que inicialmente podría parecer muy bueno en realidad a veces no
lo es tanto.
No hay una metodología uniforme, cada cual hace lo que
puede, lo que quiere o lo que le dejan o le imponen y muchas veces aún
consiguiendo la aprobación para el funcionamiento de una pastoral diferente, en
la práctica algunos esquemas dejan muchísimo que desear.
Veamos algunos ejemplos:
Algunos plantean que el acceso a los Sacramentos se trata
de una cuestión de
conciencia y que si uno está convencido que su matrimonio ha sido nulo, planteando una relación directa con Dios se concluye en que no tiene sentido la restricción de comulgar, esto no aparece, obviamente, en ningún estatuto, pero si en la práctica y hasta algunos asesores espirituales apoyan este planteo, en forma implícita o explícita, lo acompañan o lo toleran a sabiendas que las normativas dicen exactamente lo contrario.
conciencia y que si uno está convencido que su matrimonio ha sido nulo, planteando una relación directa con Dios se concluye en que no tiene sentido la restricción de comulgar, esto no aparece, obviamente, en ningún estatuto, pero si en la práctica y hasta algunos asesores espirituales apoyan este planteo, en forma implícita o explícita, lo acompañan o lo toleran a sabiendas que las normativas dicen exactamente lo contrario.
Otros plantean la asimilación, meter todo en la misma
bolsa, sacramentados y no sacramentados con la hipótesis a todas luces equivocadas
que si no fuera así se estaría discriminando, cuando en realidad lo que se pretende
o al menos lo que se logra es barrer debajo de la alfombra, ocultar el problema
y de ese modo evitar el reclamo permanente de todos aquellos que comprometidos
en la fe viven dolidos y lacerados por tener que conformarse con la Comunión Espiritual,
un verdadero premio consuelo para quienes no pueden comulgar, cuya aplicación
se ha extendido, al extremo que quizás se esté desvirtuando su verdadero objetivo
y alcance.
También hay otros modelos donde lo que une y reúne es
la problemática, un planteo verdaderamente reivindicador, en algunos casos
exagerado, algo así como grupos anti sistema, donde se cuestiona todo, lo que
corresponde y lo que no tanto, algo así como el fundamentalismo radicalizado
del reclamo.
Instruyéndose un poco, accediendo a información,
asesorándose con sacerdotes comprometidos y tan abiertos a la realidad como
formados en el Magisterio de la Iglesia se llega a la conclusión que todos esos
planteos son frustrantes, que conducen a nada, que los grupos terminan conformándose
como sectas y que al final sólo sirven para potenciar el ego de los que los dirigen,
llegando a la triste conclusión que sólo son útiles para perder el tiempo.
