La situación no se complica por el mero hecho de querer emprender una nueva relación, el conflicto surge con el componente de la sexualidad, mientras que la relación que sea de exclusiva de amistad, no pasa nada, pero cuando se pasa de eso, algo que habitualmente sucede, se disparan las alarmas.
En el mismo instante en el que se deja de vivir como hermanos, una definición a todas luces mejorable, ambos y repetimos ambos, integrantes quedan automáticamente inhabilitados para acceder al Sacramento de la Confesión, salvo que existan todos los elementos necesarios que impone un serio análisis de conciencia y la firme convicción de no incurrir nuevamente en
la misma situación, consecuentemente sin Confesión no hay acceso a la Comunión y de ahí el drama que afecta a un sin número de católicos comprometidos.
la misma situación, consecuentemente sin Confesión no hay acceso a la Comunión y de ahí el drama que afecta a un sin número de católicos comprometidos.
Esta situación se agrava con quienes, tal nuestro caso, han constituido una familia y han contraído enlace civil, ya que esto impone un nuevo paso hacia el conflicto, incluyendo en el mismo hasta a quienes llegan al matrimonio con un divorciado a pesar de ser su estado anterior de soltería.
En muchos casos se constituyen familias ensambladas, donde todos los miembros (hijos) tienen acceso a los Sacramentos mientras los padres no pueden hacerlo, ya que viven en situación irregular.
Así son las reglas del juego, se las acepta y se continúa profundizando en la fe y llevando una vida religiosa incompleta o no se la acepta y se aísla de la Iglesia, en muchos casos arrastrando a los demás miembros.
No es nuestro objetivo cuestionar las normas impuestas, aunque si destacar el dolor y la angustia en la que viven quienes han hecho una opción preferencial por el cristianismo, asumiendo las propias debilidades humanas y aceptando las consecuencias que impone la continuidad en relaciones duraderas, consolidadas y con un proyecto compartido de constituir una familia, luego de un intento frustrado, por las causas que sean.
En ese caso y por una cuestión de seguridad jurídica y como un compromiso superior al anteriormente denominado “concubinato” y más recientemente llamado “uniones de hecho”, es que algunos, o muchos, deciden pasar por los Registros Civiles, en aquellos sitios en los que se puede hacerlo y darle un tinte de mayor compromiso a la relación.
A partir de ese momento la situación pasa a un estadío superior de conflicto, que ya fue lo suficiente tratado por la Iglesia hace más de 30 años en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, que en su punto 84 trata el tema de los Divorciados Casados de nuevo de modo extenso.
A pesar de la precisión de lo manifestado en la misma, algunas interpretaciones algo antojadizas pretenden darle un contenido que supera con creces lo previsto, algo que en la 2ª parte de nuestra carta al Sumo Pontífice nos tomamos el atrevimiento de exponerle y que a continuación trascribimos.
A pesar de todo me atreveré a llamar su atención en un tema que a varios, diseminados por todo el mundo, nos ha tocado la lamentable situación de romper nuestros matrimonios y en algunos casos la bendición de tener una nueva posibilidad y hemos encontrado en la Exhortación Apostólica Familiris Consortio
una luz de esperanza, aunque luego de más 30
años de esa hermosa Encíclica de SS Juan Pablo II, quizás algo más se pueda
hacer, tal como se ha planteado en varios Sínodos.
El
acceso a los Sacramentos es pan de vida y bebida de salvación y aunque cueste
creerlo, son muchos los famélicos que verían con sumo agrado que de una manera
concreta se los tuviera en cuenta y para eso contamos con Usted, con su
comprensión, con su cordialidad, con su buen hacer y recordando a San Mateo
(7.7) resuena en los oídos, en el cerebro y en los corazones aquello de:”Pedid
y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” y esto renueva la
ilusión y esperanza, esa segunda virtud teologal que algunas veces el ajetreo
de lo cotidiano nos hace olvidar.
La
Comunión Espiritual es reconfortante, es un paliativo hermoso, es un acto de
cercanía que hace vibrar el cerebro y que acelera las pulsaciones, pero
convengamos que no es lo mismo ni mucho menos y de eso pueden dar testimonio
elocuente quienes a lo largo de los años se quedan de rodillas en los
reclinatorios, con rostros compungidos y dolor en el corazón.
El párrafo destacado constituye una sentida invitación
a futuras reflexiones, sin que hasta ahora se haya producido ninguna señal que
pueda hacer pensar en cambios al respecto.
