¿Hay una respuesta “única” de la
Iglesia a la cuestión del divorcio o depende con quién te encuentres?
Resulta extraño que
alguien vinculado con la Iglesia no tenga relación más o menos cercana con
algún sacerdote y si por la causa que sea no quiere sincerarse con él, es
bastante sencillo acercarse a cualquier parroquia y encontrar a quien esté
dispuesto a escuchar angustias, dudas y temores ante situaciones realmente
trascendentes.
Sin lugar a ninguna duda
quien termina en un divorcio lo hace luego de un largo y tortuoso peregrinar,
ya que en su sano juicio son pocos los que toman una decisión de semejante
calado ante el primer arrebato.
Los sacerdotes, como cualquier
otro buen amigo,
siempre tratan que el llegar a la determinación del divorcio sea el último paso de una proceso, donde se trata de intentar que la sangre no llegue al río, pero al igual que un amigo, ante lo inexorable acompañan en la decisión que se tome, de todos modos cuando uno lo que busca es contención y consejo, si no lo encuentra sigue buscando.
siempre tratan que el llegar a la determinación del divorcio sea el último paso de una proceso, donde se trata de intentar que la sangre no llegue al río, pero al igual que un amigo, ante lo inexorable acompañan en la decisión que se tome, de todos modos cuando uno lo que busca es contención y consejo, si no lo encuentra sigue buscando.
Luego de las separaciones y/o
divorcios, la Iglesia continúa acompañando en términos generales, destacando
que el mero hecho de la ruptura no impone una necesaria separación de la
Iglesia, algo que de hecho nunca sucede, al menos por imposición externa.
Algunos fabulan con que luego
del divorcio y más aún luego de una nueva unión existe algo así como la
excomunión, una separación de hecho de la Iglesia, pero es un error
imperdonable que algunos potencian asumiendo actitudes impresentables.
Los católicos estamos
unidos indisolublemente a la Iglesia por el bautismo y salvo hechos realmente
muy graves y comprobados no se excomulga a nadie y mucho menos por un divorcio.
Esto lo saben todos los
sacerdotes y es ampliamente conocido, o al menos debería serlo, hasta por grupos
preconciliares, tradicionalistas y ultra católicos y a pesar de esto en algunos
casos se aparta a los divorciados, se los discrimina o simplemente se les
imposibilita el acceso a determinados sitios por el hecho de estar divorciados.
Esta actitud, conocida y
reconocida por muchos bajo pretexto de normativas internas de funcionamiento
es, quizás atendible, aunque de misericordiosa tiene menos que Messi de jugador
de baloncesto.
En estos grupos también
hay sacerdotes, en muchos casos los mismos que en la intimidad son excelentes
consejeros y que luego en el seno de algunas estructuras no consiguen, o no
intentan, abrir algunas mentes que a pesar del paso de los siglos parecieran
que no se han enterado que la edad de piedra es una etapa de la historia superada
hace bastante tiempo.
