Aunque habitualmente no
polemizamos con quienes tienen puntos de vista diametralmente opuestos en esta
oportunidad nos parece un acto de cobardía dejar pasar el contenido de un artículo.
Según María Pía
Campanella, escritora e integrante del Centro Santa María de Caná para
divorciados católicos, explicó que dar la comunión a los divorciados en nueva
unión ofrecería este mensaje a las parejas en crisis: “tiren la toalla y no
luchen” (en el enlace que sigue se puede ver la nota entera: http://www.camineo.info/news/166/ARTICLE/32037/2014-07-08.html)
Por lo que, con todo respeto, sin
acritud y sin pretender ubicarnos en la cima del pensamiento nos tomamos el
atrevimiento de decir:
Estimada Señora:
Su mensaje lleno de
pureza y encanto nos parece correcto
para usted y para quienes sigan sus consejos, al menos de cara a la sociedad, pero a partir de eso pretender erigirse en dueños absolutos de la de la Verdad, depositarios inmaculados de la Revelación y considerar a los que legítimamente piensan diferente casi como apóstatas, semi blasfemos y reaccionarios ya conlleva un tinte exagerado.
para usted y para quienes sigan sus consejos, al menos de cara a la sociedad, pero a partir de eso pretender erigirse en dueños absolutos de la de la Verdad, depositarios inmaculados de la Revelación y considerar a los que legítimamente piensan diferente casi como apóstatas, semi blasfemos y reaccionarios ya conlleva un tinte exagerado.
Su planteo, nos trae recuerdos de quienes
propiciando la supremacía de su raza llenaron de un humo poco habitual la atmósfera
de la primera parte del siglo.
Sólo le falta decir en sus planteos,
que no odia a los que habiendo accedido al sacramento del luego del divorcio se
han vuelto a casar, por que tiene una amiga en nueva unión y con eso
gritaríamos goool, bingo, cartón lleno.
Que quienes hayan decidido
mantenerse célibes luego de su separación por amor a Dios nos parece loable,
pero hasta podíamos llegar, ahora que en virtud de dicha actitud pretendan
convertirse en jueces implacables de quienes piensan distinto y tuvieron la
fortuna o la bendición para intentar rehacer su vida asumiendo la construcción
de una familia ensamblada, con hijos propios, ajenos y mutuos nos parece un atrevimiento
de grado superlativo.
Como Usted bien sabrá, el meollo de la
cuestión no pasa por haber contraído un enlace civil sino por la presunción que
en dicha unión aparte de ir juntos a misa, de participar en la vida parroquial,
de educar a los hijos en la fe, de vivir lo Fundamental Cristiano como una
norma, de rezar en familia, de bendecir la mesa y de dar gracias a Dios por
todo cuanto hemos recibido, también y sólo también realizamos algunos actos
reservados a los esposos.
Ya tenemos bastante con nuestra
problemática como para tener que aguantar que nos tilden de cobardes que tiran
la toalla y que renuncian a la lucha, salvo que en esta metáfora boxística se
asuman, por pensar (¿y actuar?) distinto en campeones mundiales del pugilismo
cristiano.
Lamentablemente los DIUs y los
condones no coadyuvan a la paz, sino, quizás, se acabarían las guerras.
Los que hemos elegido el camino de la
nueva unión no renunciamos a ninguna cosa por la que merezcamos ser arrojados
al fuego eterno, así que no estaría nada mal que en vez de mirar la paja (con
perdón de la palabra) en el ojo ajeno, cada uno se se dedicara a recorrer un
camino que lo lleve a la santidad, siendo soltero, casado, separado, vuelto a
unir, gay, lesbiana, laico u ordenado, tratando que al vernos quienes nos
rodean puedan decir que nuestras vidas son un verdadero testimonio.
Con la discriminación que muchas
veces sufrimos ya tenemos bastante como para tener que preocuparnos por las decisiones
que tomen los demás, máxime cuando algunos planteos filo heterofóbicos más que
discriminatorios parecen patológicos.
La decisión de mantenerse sin una
nueva unión no constituye ningún acto de heroísmo ni sublima a ningún laico,
cada uno elige la construcción de su vida y la lleva adelante hasta donde puede,
y hasta parecería mucho mas noble, arriesgado y valiente luego de un fracaso,
darse la oportunidad de empezar de nuevo y hasta de luchar porque la problemática
sea tratada para todos igual, rico y famosos o pobres y anónimos.
Que cada uno elija su camino, el que
quiera hacer valer su libertad de conciencia que lo haga, el que quiera cacarear
en un lado y poner los huevos en el otro
que lo haga, el que quiera llorar como una Magdalena que lo haga, el que quiera
mantenerse célibe porque cree que con eso agrada a Dios que lo haga, los
quieran someterse al Fuero Externo, vivir lo Fundamental Cristiano, andar por
el mundo dando testimonio y con la misma convicción reclamando misericordia que
lo haga, pero que nadie se sienta un elegido, no sea cosa que se cumpla aquello
que Lucas nos refiere en el capitulo 14 ”…el
que se ensalce será humillado…”
Desde La Barca (www.labarcaglobal.blogspot.com)
esperamos que el próximo Sínodo de Obispos sea embargado por la misericordia, mientras
tanto nosotros rezaremos por ello y le guste a quien guste, tal como dice el
papa seguiremos Haciendo Lío.

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