Para preparar este reportaje, he
hablado con un divorciado que me decía que una persona asesina o una mujer
aborta, se arrepiente, se confiesa, y la Iglesia le abre los brazos de nuevo,
cosa que no ocurre con el divorcio.
¿Tiene el divorcio 'peor' imagen
que otros 'pecados' -perdona la expresión-?
Independiente de lo que se
haya realizado, para acceder al Sacramento de la Confesión o de la
Reconciliación, que dicho en términos sencillos es como un llenar otra vez el
tanque de combustible del coche para seguir en el camino, la Iglesia nos propone cinco pasos a seguir para recuperar los puntos que
hemos perdido en nuestro carnet de conducir, que son los siguientes:
1. Examen de Conciencia.
2. Arrepentimiento.
3. Propósito de no volver a pecar.
4. Decir los pecados al confesor.
5. Recibir la absolución y cumplir la penitencia.
Veamos algo concreto:
Un serio y sentido examen de conciencia nos puede permitir sin demasiado esfuerzo poner blanco sobre negro algo que hicimos que contradice la ley de Dios y sobre lo cual realmente nos arrepentimos y nos comprometemos a no volver a incurrir en lo mismo y hasta intentamos, del modo que se pueda, reparar el daño infringido, algo que a veces no es posible, y si además venciendo orgullos y vergüenzas nos ponemos delante de un sacerdote aceptando su jerarquía, como verdaderos intercesores y estamos dispuestos a recibir la absolución y a cumplir la penitencia que nos dé, entonces sea cual sea el pecado cometido podremos acercarnos a la Eucaristía.
Un serio y sentido examen de conciencia nos puede permitir sin demasiado esfuerzo poner blanco sobre negro algo que hicimos que contradice la ley de Dios y sobre lo cual realmente nos arrepentimos y nos comprometemos a no volver a incurrir en lo mismo y hasta intentamos, del modo que se pueda, reparar el daño infringido, algo que a veces no es posible, y si además venciendo orgullos y vergüenzas nos ponemos delante de un sacerdote aceptando su jerarquía, como verdaderos intercesores y estamos dispuestos a recibir la absolución y a cumplir la penitencia que nos dé, entonces sea cual sea el pecado cometido podremos acercarnos a la Eucaristía.
Entendido y aceptado lo
anterior podríamos dar por contestada la pregunta, pero avanzaremos ya que el
análisis da para mucho más.
A diferencia de la
Justicia Civil o Penal, para esto no hacen falta testigos ni abogados, ni pagar
tasas ni presentar pruebas, ni nada que se le parezca, el sacerdote no es juez,
así que si se le quiere mentir se miente y nadie se entera, pero si lo que uno
pretende es recomenzar una relación plena con Dios es porque cree en Dios y
entonces para que mentir, si Él será el verdadero juez que sabrá la verdad de
nuestros corazones, hasta antes de decirla.
Mentir en la Confesión no
es mentirle al sacerdote es mentirse a uno mismo, apelando a la sencillez,
mentir al confesarse es una verdadera estupidez, para eso: mejor ni perder el
tiempo.
Así pues, quien haya
robado, asesinado, abortado o realizado cualquier acción que signifique una
rotura de la Alianza entre Dios y los hombres y cumpla con lo indicado
anteriormente, podrá recibir a Jesús Sacramentado a través de la Eucaristía, como
una definición algo más precisa que la apertura de brazos de la pregunta
original, ya que la Iglesia no le cierra las puertas en la cara a nadie, ya que
la mayor pretensión es que todo el mundo encuentre el camino de la Salvación.
El párrafo anterior fue redactado
en tiempos pretéritos (robado, asesinado, abortado) y no por casualidad, sino
para dejar constancia expresa que los hechos motivo de la Confesión son
puntuales, aunque puedan ser reiterados pero siempre incorporados al pasado,
cosa muy diferente de lo que sucede con los divorciados en nueva unión, donde lo
fundamental pasa por la persistencia (nosotros seguimos unidos) falta de
arrepentimiento (no estamos en absoluto arrepentidos de haber formado una nueva
familia ni de la realización de todos los actos propios de un matrimonio) con
lo cual si el pecado es la unión y el propósito de no volver a pecar es lo
contrario, no tenemos ninguna intención de destruir nuestras familias, con lo
cual no tenemos posibilidades de acercarnos a la confesión y en consecuencia no
podemos acceder a la comunión.
A pesar de tener plena
conciencia de las diferencias entre unas situaciones y otras no deja de ser
doloroso ver a “algunos” que se acercan a comulgar y comulgan cuando otros se
quedan sin poder hacerlo, pero es lo que hay y mientras que no haya cambios las
cosas son lo que son.
Si cualquiera se
preguntara que es peor: asesinar y arrepentirse o casarse por la Iglesia,
divorciarse, casarse de nuevo, formar una familia, darle contenido cristiano y
no arrepentirse, seguramente todos o casi todos dirían que lo 1º es peor, pero
seguramente lo dirían con un pensamiento diferente al de los cánones de la
Iglesia y aquí no se trata de que cada uno haga lo quiera.
Formar parte es aceptar
las normas, a partir de allí se abren diferentes opciones: no aceptarlas y
autoexcluirse, inventarse una inexistente relación directa con Dios, aceptarlas
y hacer todo lo que se pueda y por último aceptar, cumplir, disfrutar, y con
las limitaciones y posibilidades que se brindan intentar hacer algo más, ese es
nuestro derrotero, por esa senda marchamos, sin esperar nada, pero con
esperanza y con eso ya tenemos bastante.
Como en la publicidad de American Express: Pertenecer tiene sus privilegios
(y también sus limitaciones)
