El documento final del Sínodo habla de la casa de todos, un
mensaje que no nos toma por sorpresa, bastante para lo que se podía esperar,
bastante poco para lo que realmente esperábamos.
La casa de todos suena a tren para todos, lo que sucede es
que la posibilidad de ir colgados del pasamanos del furgón de cola nos parece insuficiente
y más aún peligroso.
Para los que fundaron esperanzas seguramente constituye una
decepción, para los que dudamos hasta el último momento es una frustración,
para los anclados en planteos
preconciliares e inmisericordes un motivo de
preocupación.
En pocas palabras, un café para todos, que quizás no deje
conforme a nadie.

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