Cuéntanos
cómo fue tu proceso de divorcio y cuál fue la respuesta que encontraste por
parte de la Iglesia.
Mi proceso de divorcio no escapó al
común de tantos otros, incompatibilidad de caracteres, falta de proyectos
comunes, desavenencias permanentes, nada que no le pueda suceder a cualquiera.
Respecto a mi relación con la
Iglesia nunca tuve problemas, la Iglesia jerárquica tiene muy claro el
sometimiento al fuero externo, o sea que uno no puede plantearse las cosas en
conciencia y con eso dar por terminado el tema.
Hay otra Iglesia, la de los laicos
comprometidos, muchos de ellos más papistas que el papa, para decirlo sin
eufemismos: hipócritas, retrógrados, excluyentes, pillados de sí mismos,
descalificadores, una verdadera
vergüenza, los cuales se debaten entre el envío directo a la hoguera y la política del avestruz, creyendo que con no mirar alcanza para que lo que les guste no suceda.
vergüenza, los cuales se debaten entre el envío directo a la hoguera y la política del avestruz, creyendo que con no mirar alcanza para que lo que les guste no suceda.
Pero hay más Iglesias, la de los
sacerdotes, que entienden el sufrimiento, que acompañan, que contienen pero
también los que prefieren omitir el tema, ya que algunos que se han acercado un
poco más de lo “aconsejable” no han terminado del todo bien.
Y porque no decirlo, también está la
otra Iglesia, la de los laicos que entienden, que lo sufren en carne propia,
que les duele tanto el fracaso matrimonial como el padecimiento de aquellos que,
como es nuestro caso, sufren por no poder ser cristianos plenos.
Como verás, hay varias Iglesias,
pero como a partir de nuestra incorporación en el Movimiento de Cursillos de
Cristiandad (hace 30 años) hemos aprendido y aprehendido que “la Iglesia somos
todos” la aceptamos tal como es, con sus más y sus menos, con sus aperturas y
sus cerrazones, con sus miserias y con su misericordia.
